Lunes, 09 de julio de 2018

      A continuación insertamos parte de la entrevista (3ª crónica) realizada a Don Niceto Alcalá-Zamora por Juan G. Olmedilla, cuando descansaba en su finca La Ginesa, próxima a Castil de Campos y El Cañuelo, cuando era Presidente de la II República y Jefe del Estado Español. Publicada el 8 de junio de 1932, en la página 16 del periódico “Heraldo de Madrid”.

HERALDO DE MADRID

Don Niceto en Priego: CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA EN SU PATRIA CHICA - Crónica gráfica y literaria de nuestro enviado especial Juan G. Olmedilla.

Don Niceto, labrador árabe y romano

“MAGDALENAS Y TEJERINGOS”

El comedor de la Jinesa, lleno de fresca luz verde de árboles, es amplio, fino, alegre. Aunque no suntuoso, en él podría el presidente ser anfitrión de todo el cuerpo diplomático acreditado en  la capital de nuestra república. Los espíritus extranjeros que fueran perspicaces comprenderían mejor, y le administrarían mas, al jefe del Estado español viéndole en su medio peculiar castizo; por ejemplo, en esa pieza de su casa de campo, frente a Sierra Leones, eslabón de duras montañas semejantes a los riscos de Despeñaperros, que unen a Sierra Morena con Sierra Nevada. Aquí, entre la vajilla de alfarería mora de la parte de Priego y los vestigios de la cerámica romana descubiertos a dos kilómetros en Las Cabezas de Fuente Tójar—de la parte de Córdoba, se explica uno mejor a D. Niceto, mitad patricio del foro que pone por encima de todo, incluso del césar, la salud de la «res pública», mitad caudillo de taifa morisca que mueve guerras y llama al arma a sus leales contra los reyes de Castilla. Córdoba—Roma—empapa de civilidad, de sentimiento del Derecho y la Justicia su sangre levantisca o indómita de moro alpujarreño...

Podría el presidente dar un almuerzo a los embajadores del Mundo en La Jinesa. No se hacen mejor en un palacio real, por una reina, los honores de la mesa a los comensales, que en esta finquita andaluza, por doña Pura Castillo, la presidenta, a los que hemos tenido la fortuna o la audacia de sentarnos a sus manteles esta límpida mañana de junio.

Verdaderamente las «magdalenas» del almuerzo elaboradas exquisitamente por la señora alcaldesa de Priego para festejar a sus parientes insignes —son, dignas de la letra de imprenta; y más aún, de competir airosas con las ricas mantecadas de Astorga, que no le ganan en finura.

—Pero coman también unos «tejeringos », que están riquísimos.

—nos dice, en su andalucísima parla, doña Pura ofreciéndonos una fuente llena de «calentitos» o «churros», revueltos y entrelazados como sabroso haz de serpientes de canela.

  

Fachada de La Ginesa

Detalle de la fachada de la casa de campo


UN RUEGO DEL PRESIDENTE AL MINISTRO DE OBRAS PUBLICAS

 

La Jinesa está en la falda de una loma y tiene unas tierras llanas a Poniente, unos montes grandes al Norte y otros más grandes aún al Mediodía. Al Naciente, los desfiladeros que jalonan el camino de Priego.

Como yo le diga al presidente que la carretera desde Córdoba a la finca es progresivamente lamentable, don Niceto me contesta rápido:

—¡ Pues todavía le queda a usted lo peor, de aquí a Priego! Verá qué mal trago es el de Angosturas... Como la carretera está abierta a tajo en donde y como se pudo, es en algunos trozos muy estrecha y tiene curvas de verdadero peligro, sobre todo para los coches grandes. Yo le había pedido a nuestro Indalecio Prieto el favor de que viera si ese paso de Angosturas tiene arreglo, no por mí, que con ir y venir por el lado de Córdoba me evito esas Termópilas, sino por los que tienen forzosamente que pasar por ahí en carros o en autos. Don Inda me prometió ocuparse de ello, y hasta dio algunas órdenes por telégrafo. Un día va a haber una desgracia.

 

“El Jefe del Estado poda, rápidamente y certero, las ramas perjudiciales para los árboles de su huerto: ¡Cómo se conoce que falto de aquí hace unos meses!- comenta.

  

Jardines de la Ginesa

“MI MODESTA HACIENDA SERÍA UNA DECEPCIÓN PARA MUCHOS”

 

Mientras recorremos la heredad su excelencia me habla de la tierra, un poco a salto de mata como quien dice y entre una parada, para con las tijeras de horticultor que lleva en el bolsillo cortar el vástago vicioso de uno de sus frutales o con la escardilla presidencial –que en el campo sustituye a la cayada simbólica, inseparable báculo del presidente cuando está en la ciudad  -que lleva en la mano derecha, talar la rama seca de un olivo, ensancharle el hondón del riego a un rosal, etc…

-Hace usted mal –me dice- en contar cómo es mi vida de labrador, porque va a decepcionar a muchos. Sí; hay gentes que creen que un Jefe del Estado tiene que ser un hombre inmensamente rico y poderoso. Y yo no lo soy. Ya lo está usted viendo: mi hacienda con ser de las mejores de la comarca: La Jinesa, que tendrá unas veinticinco hectáreas; la Venta Anguita, allá en lo alto de la sierra –con un manantial muy pintoresco, labrado en la piedra viva, en una enorme cuba natural- y algunas otras finquillas… Si no mucho, lo suficiente para las necesidades de mi casa; pero nada, seguramente, ante los ojos de los que creen que un presidente deber ser un potentado fabuloso…


 

Campana y ventana de la capilla de La Ginesa

“MORO Y ROMANO”

            Reanuda D. Niceto el paseo, a pasos irregulares, ora morosos, mientras se recrea en la visión de una perspectiva o el perfume de unas flores, ora apresurados como si le fuera a faltar tiempo para corregir un descuido de sus jardineros o un capricho de la naturaleza. Y vuelve a su monólogo:

-La parte donde está Anguita es más accidentada, más bronca, más hermosa; pero yo prefiero venir aquí. Esto es más austero, más sobrio, más a tono con mi carácter. Ahora estamos en el punto medio –La Jinesa- entre lo romano y lo árabe. ¿Vé usted ese lado? Ahí están las estribaciones de sierra Albayate, sierra de Campos, sierra Leones… Más al Sur, la sierra de Luque; y a esta otra parte, a pocos kilómetros, como habrá usted observado viniendo de Córdoba, la tierra blanda, suave y llana de los cereales. Los romanos buscan, supercivilizados, la facilidad, lo hacedero, la economía de esfuerzo. Los moros, acostumbrados a sus riscos, eran duros, tenaces, heroicos en la conquista de la naturaleza. Así son todavía los huertanos y los olivareros de Priego, que trabajan hasta el límite la tierra que tienen. Por eso quizá en Priego hay un sentido fuertemente conservador de la propiedad agraria, porque está muy dividida y porque casi todos los propietarios son agricultores de su propio predio, que les cuesta Dios y ayuda hacer fértil.

            Y luego otra pausa:

-No sólo en el carácter, sino en la organización de la propiedad y en el régimen administrativo, influye la configuración del terreno. Por eso esta región, o esta parte de la región, tiene tantos puntos de contacto con Galicia y tantas semejanzas con ella en lo municipal. Todas estas montañas da ocasión a que la población se divida mucho, repartiéndose por los pequeños valles que se forman en la confluencia de los montes. Y así se da el caso de pueblecillos que no pueden ser municipios por su parvedad y están adscritos al Ayuntamiento de Priego, a dos pasos de éste en línea recta, y a varias leguas de camino, sin embargo. Ahí tiene usted Zamoranos, El Cañuelo, Castil de Campos, Esparragal, Lagunillas…

            Cuando yo era diputado… Esto es, cuando actuaba en política –agrega el presidente de la República-, recuerdo que a muchos en el Congreso les extrañó el que pidiera intervenir “como técnico” en un debate sobre administración municipal de Galicia. ¡Y era que no conocían estas tierras en que yo he nacido!

 

Fuente y pozo de la ginesa. Fotos: Máximo Ruiz-Burruecos


EL PROBLEMA  DEL CAMPO

-A propósito de sus preocupaciones de labrador- señor presidente

-le pregunto en el momento que creo más indicado-: ¿Cómo le ha ido éste año a S. E. como agricultor? ¿Encontró dificultades en los jornaleros, exigencias, resistencias pasivas?

-No… Y si las hubo, me las habrán obviado, porque yo no las he sentido.

-¿Cómo fue la última cosecha!

-Regular… Bueno; pues le estaba diciendo… -me ataja en mi interrogatorio- a mí lo que más me gusta de las faenas del campo es dirigir a mi gusto la tala de los olivos y podar yo mismo mis naranjos y demás árboles frutales. Pero. ¡no tengo tiempo! ¡no tengo tiempo! Y el campo requiere, como todo lo grande en la vida, dedicarle la máxima atención, todos nuestros desvelos, todo nuestro cariño.

“MAÑANA, CUARTA CRÓNICA DE ESTE REPORTAJE : “A MI –NOS DICE Don NICETO- NO ME IMPORTÓ NUNCA LA LLEGADA, SINO EL CAMINO”.


Publicado por castilcampos @ 10:40
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